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domingo, 28 de febrero de 2021

Licencia para delinquir

Será porque vivo en España y tarde o temprano tenía que ocurrir, ya que la política española es como construir una urbanización en una cañada, ya que algún día bajará el agua por ahí, aunque tarde siglos, bajará y se lo llevará todo. Pero parece ser que los políticos españoles son la raza más inmortal y destructora que existe. Inmortal, porque llevan años peleándose entre ellos, y ahí siguen, vivitos y coleando. Y destructora, porque todo lo que tocan lo destruyen sin piedad, mientras que no le saquen provecho personal al asunto. Y es en este punto, y si me permiten la discreta chulería, en donde voy a explicar mi particular punto de vista sobre el aforamiento de nuestros políticos chusqueros. 
El aforamiento que tiene nuestra chusma política es, a fin de cuentas, una licencia para delinquir. En los últimos años, tal vez décadas, la realidad judicial española, la cruda realidad, nos ha demostrado la existencia de tres clases de ciudadanos que existen. A saber: 
Los de primera, que son los miembros de la Familia Real y allegados. Éstos están por encima de la ley (aforados), pueden hacer lo que quieran y nadie se mete con ellos… No hay juez que se atreva a imputar (ahora investigar), a la Infanta Cristina, por ejemplo, y mucho menos la fiscalía, que como ya sabemos es la voz de su amo y también de quién depende. Y si algún juez que se atreve dentro de sus funciones, siempre hay un Tribunal superior que corrige la equivocada decisión inicial. 
Los de segunda, que son los aforados, ministros, diputados, senadores, etc. Muchos nos preguntamos que para qué sirve el Senado, sin darnos cuenta de que es un cementerio de elefantes muy útil para dotar de aforamiento a presuntos delincuentes políticos, que han estado gobernando en autonomías, diputaciones provinciales, grandes ayuntamientos, etc., y quieren tener la seguridad de que no tendrán que comparecer ante un juez normal y corriente, no vaya ser que esté loco y les empitone, es decir, les investigue, y hasta les haga padecer la pena de banquillo, esa a la que nuestro Tribunal Supremo decía que no podía ni debía condenarse al entonces presidente del gobierno, Felipe González. Así tienen la seguridad de que las querellas y denuncias contra ellos sólo se verán ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que ya sabemos lo comprensiva que es cuando se trata del enriquecimiento injustificado de Bono, Blanco, Barcina…, etc. Cualquier explicación y auto justificación les basta para cubrir el expediente y darle carpetazo al asunto. 
Y los de tercera, es decir ciudadanos de a pie, como usted y yo, o más bien contribuyentes natos, vasallos, súbditos… Pagadores de impuestos a troche y moche, a los que no se nos perdonará ni una, y que rápidamente seremos investigados, juzgados y condenados, previo paso por la prisión provisional, por cualquier chorrada que hagamos… 
En resumen, un sistema judicial tercermundista, más propio de un país africano que de una nación europea. ¿Será verdad que África empieza en los Pirineos?. España, año 2021. Bueno, así que os espero, para que me comentéis en profundidad, lo que pensáis o queráis a blogueros como yo. Un saludo. 

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