miércoles, 25 de octubre de 2017

La comidilla

Era la comidilla en cualquier bar que se precie, en cualquier bar de los de toda la vida, me refiero, como dios manda, con sus albañiles, sus moscas y sus borrachos de plantilla y personal que pasa por allí. Aunque también vale los nuevos gastrobares más pijos y más finolis, aunque estos me extrañan que tengan comidillas como esta que les voy a contar. Como saben ustedes, la ciudadanía empieza a mostrar hartazgo con el procés catalán, que lleva encallado varios días en la burocracia epistolar de los presidentes, es decir, y dicho en castellano castizo, los españoles están hasta los cojones de cartitas entre políticos nefastos, chulos y de su actitud del tú más, aunque ya el jueves pasado y el sábado pasado se movieron fichas para solucionar este conflicto que entre unos y otros nos están llevando hasta el hartazgo, como he dicho anteriormente. Pero hoy me voy a centrar en un bar cualquiera de una ciudad, por ejemplo Barcelona, de un día concreto de la semana pasada, el cual podemos llamarlo de cualquier forma, porque a fin de cuentas el nombre del bar es lo de menos y me imagino esa larga espera la cual, el presidente de la Generalidad el tal Puigdemont tuvo a un país entero con el corazón en un puño. La cronología en ese bar, según mi imaginación (que por cierto tengo mucha, aunque muchas veces como es el caso no hace falta tenerla) y mi punto de vista, pudo ser la siguiente: 
09:20. Suena la cafetera, llegan los parroquianos, la televisión emite los goles del Barça de anoche. En 40 minutos expira el plazo para que la Generalitat informe al Gobierno de España sobre si declaró o no la independencia el 10 de octubre. En el local, dos mesas llenas: en una hay varios albañiles que están trabajando en la rehabilitación de una fachada cercana; en la otra, cuatro personas bien vestidas con aspecto de jubilados. 
09:40. Llueve a mares fuera. Empezó ayer y no ha parado. Empiezan a llegar al bar más y más operarios. Se puede palpar cómo vive el procés la gente que se levanta de madrugada y ni fú ni fá la independencia. 
09:55. TV3 publica la carta de Puigdemont. Es interesante, porque en el último párrafo admite que no se declaró la independencia, pero que lo hará si se aplica el artículo 155. No hay reacción. Todos están esperando una comparecencia pública para prestar atención, pero eso no va a suceder 
10:20. El Gobierno responde, también por carta. Ha puesto en marcha el 155, e incluso hay plazos. Pero en el bar insisten en tocar temas mundanos, como lo difícil que es subirse a un andamio con tanta lluvia o la horrible lesión de un jugador de la NBA. 
10:35. Los canales independentistas comienzan a llamar a la movilización. 
10:50. Empieza a vaciarse el bar. Y la semana que viene, más de lo mismo, dice un camarero mientras recoge las tazas de las mesas. Y no se ha equivocado. En fin. Bueno, así que os espero, para que me comentéis en profundidad, lo que pensáis o queráis a blogeros como yo. Un saludo. 

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