domingo, 9 de abril de 2017

Menudas leyes

Hay leyes y leyes y luego están las leyes que se aplica nuestra chusma política y que son la repera en beneficios y privilegios. Pero ya no me sorprende nada de lo que pasa en este país de pandereta conocido como España porque de alguna manera hay que llamarlo. 
Resulta que hay una ley conocida como Clases Pasivas del Estado que, a partir del 1 de enero de 2008, restringió –entre otros recortes- el derecho a una prestación vitalicia de viudedad a quien, sin tener hijos en común, acreditara un año de matrimonio o dos de convivencia como pareja de hecho oficial inmediatamente antes de morir el cónyuge, y lo eliminaba para los viudos y viudas que volvieran a casarse o se registraran como pareja de hecho. 
Pues bien, esta ley hace posible que “LA SEGURIDAD SOCIAL NIEGUE LA PESNSIÓN A UNA VIUDA TRAS 23 AÑOS DE MATRIMONIO”. Se divorciaron casi 24 años, después de que la enfermedad de su marido –un tumor de páncreas- acabara alterando la convivencia. Lo perdieron todo, hasta la casa. Fueron cuatro años terribles en los que estaban constantemente yendo y viniendo de Zaragoza a Caspe en ambulancia para que el marido recibiera tratamiento. 
Pero lo cierto es que tanto la Seguridad Social como el Tribunal Económico Administrativo Central y, después, la Audiencia Nacional coinciden en aplicar la norma de manera literal: no se acredita la convivencia previa al fallecimiento de dos años como pareja de hecho y matrimonio o uno como casados, coinciden los tres. Sin embargo, el abogado Juan Carlos Herranz, que se hizo cargo del asunto por el turno de oficio (la denunciante carece de recursos para pagarse una defensa), ha logrado que el Supremo tome cartas en el asunto y vaya a revisar la legalidad de esa reforma legal, que supuso uno de los primeros recortes sociales del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el progresista, vaya tela con el cejas. 
En parte la ley es la ley, pero hay leyes y leyes y muchas interpretaciones de esas leyes, como suele ocurrir en otros casos. Pero creo que esas interpretaciones dependen de quién sea el acusado y la repercusión social que ese acusado pueda tener en la vida pública, porque como hemos visto, no es lo mismo el ladrón de Rodrigo Rato, que esta pobre mujer. Los casos son diferentes, pero el meollo de la cuestión es la interpretación de la ley o de cómo cada juez interpreta la ley. 
Es lo realmente asqueroso de este país y de la justicia manipulada que tenemos la mala suerte de tener y de mantener con nuestros impuestos. Casos que dan asco, casos abominables, casos que son blanco y en botella y casos tan sencillos como es el que nos ocupa y que haya jueces que interpreten a su manera las cosas. 
No me dirán ustedes que es para tomar un camino. De nuevo España, simple y llanamente. Bueno, así que os espero, para que me comentéis en profundidad, lo que pensáis o queráis a blogeros como yo. Un saludo. 

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