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miércoles, 24 de junio de 2026

Los viajes al Caribe

Permítanme, y me disculpo de antemano, que hoy sea grosero para ser más elocuente: estoy hasta los cojones. Hasta más arriba de la línea de Plimsoll, quiero decir, de tanto golfo y de tanto vividor. No es ya que, desde hace tiempo, y sobre todo a través de las redes sociales, vea cosas de esta gentuza subvencionada y come gambas que me avergüencen, no, lo que hace que me sienta así, es que todavía estén en sus cargos y tengamos que mantenerlos con nuestro dinero y encima dilapiden el que sobra o el que se les da para su función. 
Hay días en los que, tras ver la tele, mirar los periódicos o escuchar la radio, cualquiera que pueda hacerlo, se pregunta qué hace aquí en vez de estar viviendo en otro sitio distinto a España, porque vivir en este país cada vez da más vergüenza. No sé qué ocurrirá en este país desdichado en estos quince días con este asunto que acabo de encontrarme en un periódico de tirada nacional mientras desayunaba en el bar de mi amigo Pacorro. Estaré de viaje, con la dosis de vergüenza añadida de quien está en el extranjero y comprueba que lo miran a uno con lástima, como súbdito de un país de fantoches, surrealista hasta el disparate. Por eso, el mal rato que ese día voy a pasar quiero agradecérselo a los sindicatos (no se rían por dios, en España todavía existen esto parásitos sociales, aunque ustedes no los vean ni por error televisivo) que son los protagonistas por méritos propios de este post, ya que son unos oportunistas y unos sinvergüenzas como ustedes bien saben. Hay otro implicado más, que no es otro que el ministerio de trabajo que incluye desde ingenuos manipulables a analfabetos de buena voluntad, pero voy a dejarlos fuera porque esta página tiene capacidad de aforo limitada. Así que me centraré en los otros, en los sindicalistas, que harán posible que, a mi edad, y con la mili que llevo, un amigo norteamericano, un amigo francés y un amigo alemán, me acompañen en el sentimiento. 
Estos sindicatos nos tienen acostumbrados a sus andanzas, ya no las de sus ocupaciones que tienen por ley y por las cuales cobran sus buenos sueldos, no, es la otra rama del sindicalismo, esa que casi todos usan para beneficio propio y para pegarse la vida padre. Los impuestos como ustedes saben son para financiar la sanidad, la educación y la vida de lujo que se pegan los sindicalistas adscritos a estos sindicatos. La última de esta trama sindical ha sido la pillada que han tenido por parte de la Guardia Civil, al confirmar éstos que “la UGT-A pagaba viajes al Caribe a sus cargos más importantes con fondos de la Junta de Andalucía”. Toma del frasco, Carrasco. 
Como pueden ustedes observar queridos blogueros, la vida sindical es una vida a pleno rendimiento, plenas vacaciones y sin gastos para ellos, ya que para eso están los ciudadanos que son los que pagan esos viajes a estos golfos vividores y con tan poquísima vergüenza. Por eso he sido un grosero al expresarme de forma tan elocuente al principio del post, pero es que la cosa es para ponerse así o peor. Pero me calmo, ya que todo va a seguir igual. Es lo que hay, Maikel Naig. Entonces, ¿sindicatos para qué?. España, año de nuestro Señor 2026. Bueno, así que os espero, para que me comentéis en profundidad, lo que pensáis o queráis a blogueros como yo. Un saludo. 
 
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