Juro a ustedes por el cetro del dios Pichimichi que lo que voy a contar es cierto. Aunque comprendería que dudasen, porque en un país normal, algo así sería imposible. Pero recuerden que éste no es un país normal, sino España, un lugar donde todo disparate, por gordo que sea, tiene su asiento, y donde por poner un ejemplo clásico, una ardilla podría cruzar la Península saltando de gilipollas en gilipollas sin tocar el suelo
El panel luminoso de una gasolinera es lo primero que me llama la atención, no sólo a mí, sino a muchos clientes al detenerse para repostar. El precio del diésel marca 1,829€ y el de la gasolina, 1,715€. El diésel ha subido un 20% y la gasolina un 10% desde que comenzara la guerra en Irán, según los últimos datos del Ministerio de Transición Ecológica.
Que conste que les estoy hablando de hace unos días atrás, ahora seguramente y mientras escribo en este blog pecador mi opinión personal e intransferible al respecto, seguramente habrá subido más, que no les quepa duda. Hace poco más de un par de semanas (cuando las bombas no habían caído todavía sobre Irán) ninguno de los dos combustibles superaba los 1,60€. Por mi trabajo, porque hay que seguir haciéndolo para mantener a tantos analfabetos, golfos y moñas que hoy medran y trincan en el circo de la Carrera de San Jerónimo, lugar conocido vulgarmente como congreso de los diputados y fuera de él, porque también los hay, muchas veces me pregunto me pregunto cómo hemos sido capaces los españoles de concentrar allí y en otros sitios a tantísima gentuza de tan variopinto pelaje. Porque no es fácil, no. La cosa tiene su mérito.
Pero como les iba diciendo, por mi trabajo tengo que hacer entre 700 y 1.000 kilómetros a la semana, y cuando hecho combustible no tardo en encontrar las palabras después de pasar por la caja de la gasolinera: “Indignación y cabreo”. La semana pasada llenar el depósito me costó 55€, este lunes pasado pague 70€. Pero no se engañen ustedes, se hacen ricas las petroleras, pero también los gobiernos al recaudar un pastizal en impuestos, y eso es de agradecer para las arcas públicas, aunque luego no veamos ese lleno de las arcas en ningún lado útil para los ciudadanos, porque veo y vemos que cada vez los servicios prestados por el gobierno de turno son peores, aunque se recaude mucho más. Así que, el primer interesado en que suba todo es el gobierno.
El ataque de Estados Unidos e Israel del pasado 28 de febrero, que ha derivado en un conflicto abierto en todo el golfo Pérsico, ha sumido en el caos a uno de principales corazones del mercado petrolero. Por ahí, por el estrecho de Ormuz ―cerrado desde hace bastantes días) transita el 20% del crudo mundial. Como consecuencia, el oro negro ha subido un 40%, el barril de brent llegó a superar este lunes la cota de los 100 dólares, y las gasolineras españolas lo notan. El precio del diésel ha aumentado en un 20% y la gasolina un 10% desde que explotara el conflicto, según la última actualización del Ministerio de Transición Ecológica. Aquí lo dejo, porque vaya tela. Porca miseria. España, año de nuestro Señor 2026. Bueno, así que os espero, para que me comentéis en profundidad, lo que pensáis o queráis a blogueros como yo. Un saludo.
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