Mucho se está rumoreando sobre el paradero de ZP. Cuando salió del juzgado, dijo que en unos días iba a dar las explicaciones oportunas sobre el hallazgo de las joyas en una caja fuerte de su oficina muy próxima a la sede sociata. A fecha de hoy y a la hora de escribir este post en este blog pecador, ZP todavía no ha dicho ni mu, y ya han pasado 50 días o así.
Pero soy curioso por naturaleza, y en uno de esos ratos libres, y ya aquí, en este punto y si me permiten la discreta chulería, encendí el ordenata portátil y consulté, goteante el colmillo lo que le pasa o lo que dicen algunos medios que le pasa a José Luis Rodríguez Zapatero, alias ZP. Encontré varios artículos que coincidían en un punto, y es que ZP ha penetrado en una profunda depresión, consecuencia directa de su imputación y del horrendo futuro que se le avecina como presunto delincuente. La cuestión, es que entra ahora en esa enfermedad, pero cuando estaba supuestamente mintiendo y ocultando todos sus trapicheos y disfrutando del dinero que les entraba a sus cuentas, no tenía depresión ninguna ni ningún mal, si exceptuamos la poca vergüenza de tener engañados a los españoles. Pero bueno.
El expresidente, que durante años paseó por el mundo como paladín de la ética y la paz, hoy se enfrenta al calvario de tener que responder ante los jueces por actos que se revelan cómo corruptos y criminales. Su reputación como dirigente político y como persona está destrozada.
La imputación en casos como Plus Ultra, las joyas de alto valor encontradas en su despacho y las investigaciones por tráfico de influencias y blanqueo han derrumbado la máscara. Ya no es el estadista sereno del pasado, admirado como faro ético por la ciega izquierda española, sino un hombre acosado por la realidad que él mismo creó, viendo cómo sus decisiones pasadas regresan convertidas en delitos que amenazan con arrastrarlo ante un tribunal. La prensa ha recogido el hondo abatimiento de Zapatero, un hundimiento moral que trasciende lo político.
ZPedro, preocupado por esta depresión, habría encargado a sus fieles más cercanos que lo vigilen estrechamente para evitar errores en momentos tan delicados. El temor no es humanitario, sino práctico: que el expresidente, en un momento de flaqueza, hable demasiado y revele secretos que para el sanchismo son muy peligrosos. Porque Zapatero no solo conoce los entresijos de su propia época; también ha sido testigo y partícipe de la maquinaria que ZPedro ha perfeccionado. Un desliz suyo podría abrir grietas irreversibles en el muro de impunidad que sostiene al actual presidente. Esta vigilancia interna evidencia el pánico que reina en las alturas del PSOE. Zapatero ya no es un activo; se ha convertido en un riesgo. Sus silencios forzados, sus apariciones cada vez más erráticas y su visible deterioro psicológico son la prueba de que la justicia, aunque lenta, avanza. Menos mal que es así, si no, apaga y vámonos. Ahora le toca ajo y agua. Cierren la puerta al salir. España, año de nuestro Señor 2026. Bueno, así que os espero, para que me comentéis en profundidad, lo que pensáis o queráis a blogueros como yo. Un saludo.
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